No sólo de rock & roll vive el hombre. La otrora de 32 cascos, es una fuente de emoción y pasión que da origen tal vez al desenfreno de muchos rockeros. En particular y qué los une, la pasión.
Por estos días se desarrolla la XIX edición del mundial de fútbol en Sudáfrica, y las sorpresas han sido al por mayor, las viejas glorias, han mostrado un juego mezquino, confuso y sin explosión, eso se dice. En su mayoria equipos europeos, la nota verde la están dando los equipos sudamericanos. Y como nunca, la selección chilena que dirige el argentino Marcelo Bielsa, ha destacado por un juego ofensivo, ordenado. Puntudo e insolente, como jamás habia actuado un cuadro nacional.
El fracaso y la improvisación, aguas turbias, pasajes oscuros, trampas, fueron la definición de diccionario que tuvo el fútbol chileno por años, por muchos años. Por eso, hoy más que nunca, hay que celebrar lo hecho, no lo logrado. Dos victorias, seis puntos, la gratitud de la prensa internacional hacia Chile, da luces, de llegar aún mas lejos y seguir sorprendiendo. Más hitos, más historia, más alegrías. Que no se detengan, huele a buenas nuevas.
Da gusto ser testigo de una buena historia, ser testigo del jolgorio, de la fiesta, consecuencia de trabajo, de un buen DT, de un equipo con talentosos y aguerridos deportistas, como nunca. Tras años, de amarguras y frustraciones, en partidos amistosos, copa América ( a la que deberían apostar a ganar, ahora o nunca) y eliminatorias. Técnicos payasos y agrandados ( Nelson Acosta no vuelvas aparecer diciendo que tu logro fue histórico, ya no existe). Jugadores fiesteros y retardados han quedado de buena vez, atrás, lejos. El puño ya no se aprieta hacia abajo, por la rabia, se eleva el brazo y puño en alto nos sentimos ganadores, no de copas, sino de actitud. Al fin sonreímos...


